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24 abril 2010

Heaven is a Playground, por Mike Hansen

Me he permitido el lujo de utilizar el título del libro escrito por Rick Telander en 1974 para dar nombre a mi columna de hoy. El libro trata sobre el baloncesto en su más pura esencia, que nos lleva a un fascinante viaje por los 'playgrounds' más emblemáticos y míticos de la gran manzana.

¿Qué es el baloncesto? ¿Qué nos da? A mí, personalmente, me lo ha dado prácticamente todo; amistades, valores, disciplina, amor propio, una carrera universitaria, saber ganar y perder, el afán de superación, pero, sobre todo, energía. Estoy hablando de energía positiva, esa energía que echamos tanto en falta en estos momentos en nuestro país. Cuando uno ama tanto el baloncesto, éste se convierte en su eje principal, que le permite afrontar la vida con valentía y fuerza. Esa energía se consigue cuando disfrutas del basket, cuando realmente te lo estás pasando bien jugando. Dudo mucho que el doctor James Naismith pensara en castigar a sus alumnos de Springfield, Massachusettes, cuando inventó este maravilloso deporte.

En ocasiones los resultados negativos, malas rachas, luchas por la permanencia, transforman este deporte en algo muy duro y difícil de afrontar. En una penitencia personal cuyo castigo resulta ser muy duro y a su vez te arrebata ese amor tan sano y puro que el basket te dio de pequeño. Cuando el baloncesto empieza a restarte energía, en vez de ser una fuente de la misma, es el momento de volver al 'playground'; al mismo sitio donde una vez te enamoraste de este deporte. Una canasta, un balón y tú. No necesitas nada más, porque el resto te lo dará el espíritu de este juego.

Siempre recuerdo lo feliz que era de pequeño jugando en los patios de colegio en Madrid, y de adolescente, curtiéndome con los soldados afroamericanos en el pabellón de la base militar americana de Torrejón de Ardoz. Allí jugábamos todos los sábados y domingos, y en muchas ocasiones yo era el único jugador de raza blanca durante las maratonianas sesiones de 'pick-up' basketball. Tampoco me olvido del verano del 86 en el five-star camp de Syracuse, y después dos semanas en Nueva York, jugando en el sagrado 'Rucker Park' de Harlem o en la veintidós con Lexington Avenue; ni de aquellos veranos húmedos y calurosos en Louisiana durante mi periplo universitario jugando todas las tardes en el mítico 'Dungeon' de LSU, donde nos reuníamos jugadores universitarios como Shaquille O’Neal, Stanley Roberts, Chris Jackson (Abdul Rauf), Tim Hardaway, Litterial Green, Vernel Singleton, Gerald Glass; y con otros jugadores que estaban en Europa: José Vargas, Derrick Taylor, Ricky Blanton, Tito Hortford y jugadores de la NBA: Avery Johnson, Bobby Phills (R.I.P.), Dan Marjele, John 'Gordo' Williams (ex Fórum). Creo que os podréis imaginar lo divertidos e intensos que fueron esos veranos.

Esta es mi fuente de energía donde cargo mis pilas con los recuerdos del baloncesto en su estado más puro. Cuando juegas porque te lo pide el alma y no porque te pagan por ello. ¿Estamos convirtiendo el basket en un negocio, donde lo único importante es ganar a cualquier precio, sin preocuparnos ni en la cantera, ni en la afición, sólo en maximizar beneficios y reducir costes? Parece que lo único importante es intentar descubrir al siguiente Ricky Rubio, sin tener paciencia con el jugador y enseñarle otros valores que le servirán el día de mañana para seguir enamorado de este deporte y no terminar quemado.

No me he perdido ni una sola 'Final Four' universitaria desde esa mágica final de 1979 entre Magic Johnson de Michigan State y Larry Bird de Indiana State. Cada año, en el mes de marzo, las 64 mejores universidades de todo el país se embarcan en un maravilloso torneo para decidir el campeón. El torneo se caracteriza por todos esos valores que os vengo contando, siempre aparece un equipo cenicienta que contra todo pronóstico, logra llegar a cuotas inesperadas, ganando a equipos muchísimo más potentes. Este año, sin ir más lejos, tuvimos el ejemplo de Butler University, que consiguió llegar a la final, donde perdió un apasionante partido contra la prestigiosa Duke University por 62-60.

¿Qué sensaciones he percibido viendo a esta modesta Universidad del estado de Indiana? Pues mucha ilusión, trabajo de equipo, sacrificio para el conjunto, energía positiva a raudales y baloncesto de fundamentos e ideas claras; justo como debe ser a esas edades.

El equipo de nuestra ciudad estaba siendo el mejor embajador del baloncesto alegre y dinámico de una ACB que cada año juega más al resultado final, antes que a dar espectáculo y transmitir emoción a las gradas. Pero, desde hace unos meses, no juega igual y le cuesta encontrar la clave para salir victorioso.

He estado en muchísimos vestuarios a lo largo de mi carrera y existe una línea muy fina entre mantenerse en una dinámica positiva y ascendente, y caer en picados. Influyen muchas veces los llamados 'intangibles', difíciles de entender para el espectador, pero que son sagrados para el jugador. Me niego a creer que una energía negativa en el vestuario haya sido la causa de la mala racha; sin embargo, estoy convencido de que el no haber rematado varios partidos que teníamos a nuestro favor nos está pasando factura.

Me gusta este equipo y su espíritu, estoy convencido de que van a superar la situación muy pronto. Desde la grada tenemos la obligación de apoyarles, surtirles de cariño y de energía positiva. Es nuestro baloncesto y es nuestra ciudad.

All the best, Mike Hansen
I love this game!!!

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