06 marzo 2007

Mirza Delibasic en el recuerdo


Mirza Delibasic fue el primer jugador de baloncesto que me impactó y, en consecuencia, mi primer ídolo. Apenas un par de años en España (Real Madrid, 1981-1983) fueron suficientes para tenerle, para siempre, en la memoria. Eran tiempos en los que no existía la línea de tres y en los que los europeos no eran tenidos en cuenta por la NBA.

Mirza Delibasic nació en Tuzla (Bosnia) el 9 de enero de 1954. Al igual que Fernando Martín, llegó al baloncesto a una edad tardía. Comenzó su carrera deportiva jugando al tenis, deporte con el que llegaría a proclamarse campeón de Bosnia en categoría cadete. En 1968 empezó a jugar, por fin, al baloncesto en el Sloboda (Libertad). Cuatro años después de empezar a jugar (1972) firmó con el Bosna Sarajevo, conjunto con el que ganaría la Copa de Europa de 1979.
Mirza Delibasic
Con la selección de la ex Yugoslavia ganó la medalla de oro en las olimpiadas de Moscú’80, el campeonato del mundo de Filipinas’78 y el de Europa en Belgrado’75 y Lieja’77.

Firmó por el Real Madrid en 1981. Con el equipo blanco ganaría la liga de 1982 y el mundial de clubes de 1981. En el Madrid coincidiría (aunque solamente en la Copa de Europa, por las estúpidas reglas de entonces) con otra leyenda: Dragan Dalipagic.

El baloncesto de Delibasic estaba adelantado a su tiempo: asistencias sin mirar, pases de todo tipo y un tiro que casi siempre iba dentro.

En 1983, después de desligarse del Real Madrid sufrió una embolia que le llevó a retirarse de las canchas de baloncesto.

En 1992 se convirtió en seleccionador del equipo nacional Bosnio. Luego llegaría la guerra.

Su última aparición sobre una cancha fue en la Sala Olímpica de Sarajevo, donde una selección de baloncestistas bosnios (con su hijo Danko entre ellos) se enfrentó a los veteranos del Real Madrid, asociación que siempre estuvo a su lado, pendiente de su enfermedad, y le apoyó económicamente.

Mirza falleció el ocho de diciembre de 2001 a la edad de 47 años, después de una larga enfermedad y de sufrir las miserias de la guerra en su país. Quienes le conocieron bien alaban sus virtudes aún más como persona que como jugador.

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