11 junio 2007

Entrevista a Mike Hansen (y 3)

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El año siguiente, en la cita de Barcelona 92 fue el último descarte de Díaz-Miguel. “Es un orgullo ver a la selección que tenemos ahora, siempre ha habido mala suerte, pero ahora parece que el jugador español ya se lo cree. Estas generaciones tienen una cosa buena: tienen más ego que nosotros. Antes íbamos con mentalidad secundaria, ahora no tienen miedo a nada, y ser campeones del mundo les va a dar más fuerza. Tengo mucha ilusión con el Eurobasket de España. Seremos el equipo a batir, todos irán a por nosotros. Todo lo que no sea meterse en la final me extrañaría”.

Tras su aventura americana Mike decide regresar a la ACB y juega con Estudiantes, que tenía sus derechos de formación. En Madrid vivirá un año agridulce. “Tenía una ilusión muy grande por hacerlo bien. Fui el base suplente, pero creo que hice méritos para jugar más minutos. Seguramente en otro sitio podría haber duplicado mis estadísticas, pero por aquel entonces el Estudiantes estaba sólo por debajo de Real Madrid y Barcelona. Al final de temporada perdimos en semifinales 3-1 contra el Madrid de Sabonis”.

La siguiente parada fue Valladolid. Allí conoció a su mujer y allí reside en la actualidad. “Con el Forum jugué tres años, quizás los mejores de mi carrera en la ACB. Además tuve la oportunidad de compartir vestuario con Oscar Schmidt. Recordar cómo jugaba y se entrenaba, a los 38 años de edad, un jugador de su categoría me motiva para seguir en activo. Oscar ha sido uno de los más grandes. Recuerdo una vez en Vitoria cuando, después del entrenamiento, se quedó tirando triples. Metió 68 consecutivos y nos dejó a todos alucinados”. Cuando los compromisos con el Zamora se lo permiten, también queda tiempo para seguir al Capitol Valladolid, en cuya cantera juega la siguiente generación de la familia Hansen. “Creo que han reaccionado a tiempo, aunque todavía faltan partidos por jugar y no pueden bajar los brazos. Valladolid tiene una tradición de baloncesto importantísima y sería una pena descender de categoría. Creo que han mejorado mucho en defensa, quizás sea logro de Imbroda, aunque creo que los jugadores también han cambiado su actitud. Imbroda creo que ha hecho un buen trabajo psicológico, algo que es muy necesario en un deporte de precisión como el baloncesto, donde tienes que estar fresco mentalmente para rendir a tope”.

Después de Valladolid, Huelva. A las órdenes de Valdeolmillos, Mike recuperó una de las características que le habían llevado a triunfar en LSU: su capacidad anotadora. Su posterior experiencia en Murcia no fue, en cambio, una etapa muy agradable “La de Huelva fue una temporada muy bonita. Jugué de escolta en muchos partidos y fui uno de los mejores anotadores nacionales de la liga. Unas cuantas veces estuve cerca de los treinta puntos, en algún partido incluso los pasé. En cambio en Murcia, viví el peor año de mi carrera. Sigo conservando una buena relación con mucha gente de allí, pero la gestión de la directiva fue un desastre, con decir que por el equipo desfilaron 27 jugadores se dice todo. A nivel personal empecé jugando muy poco, pero todo cambió cuando Manolo Flores se hizo cargo del equipo y me salvó la temporada. Incluso un mes me premiaron como el mejor jugador nacional de la ACB, pero desgraciadamente para el club Flores llegó demasiado tarde y descendimos”.

La última parada en la ACB, tras el paréntesis del Bayer Leverkusen, fue Cáceres. “En Cáceres, aunque hubo momentos malos por los problemas económicos del club, había mucho respeto por los jugadores que creo que es lo más importante. Llegamos a estar cinco meses sin cobrar, pero entrenábamos y jugábamos al máximo nivel. Pero al final los problemas económicos se pagan y las marchas de los extranjeros (Deon Thomas, Bobby Martín...) nos hizo imposible mantener la categoría. Pero el recuerdo es muy bueno, incluso en el último partido la afición nos ovacionó. Ahora esas cosas ya no suceden. La ACB ha pulido esos temas; todo es más profesional. Los jugadores ya no tienen que preocuparse por su nómina, sólo tienen que concentrarse en jugar y en dar lo máximo”.

Mike no descuida sus obligaciones como padre y pretende inculcar a sus hijos –tiene tres- todo lo que ha aprendido en su devenir profesional.

“A Mario le enseño todo lo que puedo y le animo a que haga deporte. Me encantaría que jugase al baloncesto, pero lo más importante son los estudios porque llegar a ser profesional es muy difícil. El deporte, te da muchos valores, te enseña a competir y eso es importante en la vida, porque en la vida recibes muchos palos y hay que saber levantarte cuando te caes y cuando llegan los problemas. Un deporte como el baloncesto te enseña a jugar en equipo, a no ser egoísta, a sacrificarte. Mi padre es norteamericano, de los de la vieja escuela, y lo que me transmitió y me enseñó me ha ido bien; yo pongo mis pinceladas, el modelo funcionó conmigo y aunque los tiempos han cambiado y hay que evolucionar en ciertas cosas el deporte sigue teniendo los mismos valores que antes”.

Mike Hansen es consciente de que cada vez le queda menos para disfrutar del baloncesto de competición y tiene claro que no quiere defraudar a nadie, pero sobre todo no quiere defraudarse a sí mismo. “Jugaré siempre al nivel que me exijo, ni mi voy a arrastrar ni voy a engañar a nadie, sé que lo de seguir jugando me lo tengo que plantear año a año. Las lesiones me han respetado mucho, he tenido suerte en ese aspecto, así que si puedo compaginar trabajo y baloncesto, me sigo encontrando bien, y en Zamora están contentos seguiré, porque la ilusión la tengo”.

La entrevista ha sido también publicada en Solobasket y en Basket Confidencial.

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