19 noviembre 2006

Cabezas de turco


Artículo publicado en Libertad Digital (19 de noviembre de 2006)

Apenas hemos alcanzado la cuarta parte de la temporada en la liga ACB y ya hay rumores sobre la destitución de un nuevo entrenador, el tercero. La nueva derrota del Valladolid, colista de la competición, puede hacer caer a Paco García. Cortar la cabeza del entrenador es la solución más recurrida cuando no llegan los resultados; no es algo nuevo ni distinto a lo que ocurre en otros deportes. Las matemáticas y el director financiero nos dirán siempre que es más fácil echar a uno que a doce, pero en cambio, a la hora de hora de plantearse el patearle el culo al técnico, no se suele echar un ojo al presupuesto del equipo ni, en consecuencia, a la calidad de la plantilla.

En menos ocasiones, la decisión de prescindir del entrenador a mitad de temporada la marca la gran inversión desembolsada en fichajes; ése ha sido el caso del Pamesa Valencia al afrontar el cese de Ricard Casas (Casas, después de ser cesado, firmó por el Vive Menorca: lo que no es bueno para unos no tiene porque ser malo para otros). En todo caso, pocas veces los malos resultados acaban poniendo en peligro el puesto del responsable de la contratación del técnico.

En la NBA la ausencia de descensos justifica que el número de destituciones no sea equiparable al que gasta por aquí; los entrenadores disponen de más tiempo para conseguir resultados. Por el contrario el movimiento en los despachos es mucho mayor, aunque hay excepciones y muchas veces el nombre del directivo sirve de paraguas. Basten los ejemplos de Isiah Thomas y de Danny Ainge.

Thomas, el base que lideró a los Bad Boys de Detroit, ha conseguido un record difícil de igualar: ha sido premiado con el banquillo de los Knicks después de haber dado pruebas más que contundentes de su incompetencia como presidente. Ha conseguido el dudoso honor de tener a la plantilla más cara de toda la liga y, al mismo tiempo, a uno de los peores equipos. Recomendó el despido de su antecesor en el cargo, Larry Brown, al que él mismo había elegido para el puesto: la frivolité, como diría Díaz-Miguel, se ha saldado con una indemnización de 18,5 millones de dólares (en realidad el técnico pedía la totalidad de lo que le correspondía cobrar, según contrato, pero el arbitraje del comisionado David Stern, aficionado de los Knicks, impidió un mayor descalabro económico). Para redondear el desaguisado la franquicia de la Gran Manzana sigue pagando el sueldo a jugadores que ahora forman parte de las plantillas de otros equipos: Rose, Shandon Anderson, Maurice Taylor y Jerome Williams.

Danny Ainge, otrora escolta de los Celtics y actual responsable de los fichajes en el equipo de Boston, afronta su cuarta temporada en el puesto. Los aficionados esperamos que sea la última. Danny sigue vendiendo, comprando e intercambiando piezas a ritmo frenético. En su primer año mando a Antoine Walker a Dallas, lo recuperó al año siguiente para permitir, seguidamente, que la temporada pasada ganase el anillo con Miami. En la tercera cambió a Davis (lo había adquirido dos años antes) por Sczcerbiak. Son solamente un par de ejemplos de su gestión; como resultado el equipo sigue sin levantar cabeza y parece que se quedará sin play-off nuevamente.

Y es que, como seguramente no haya dicho Johan Norberg, en todas partes cuecen habas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Thomas es un paquete y va a acabar con nuestros NYN.