11 diciembre 2006

El Real Madrid y la NBA



Vuelven los comentarios sobre una posible integración del Real Madrid en la NBA. Esta semana hemos podido leer que el club blanco ha firmado un acuerdo de intenciones, con representantes de la liga americana, según el cual en el plazo de tres años podría pasar a formar parte de la mejor liga del mundo. Parece que Ramón Calderón tiene entre ceja y ceja conseguir ese hito; para ello se supone que fichó a Vlade Divac, al que parece que se sigue sin ver por Madrid. Mientras tanto, cada vez que sale a relucir la cuestión de la expansión a Europa de su liga, el comisionado Stern unas veces se hace el loco y otras veces se deja querer.

Cuando se habla de esa expansión se alude a otras franquicias europeas, tres o cuatro, radicadas en capitales que pueden cumplir con los requisitos económicos y de infraestructura pero que, por ejemplo Londres o París, carecen de equipos de primer nivel. La expansión, lógicamente, no puede ser de un único equipo. El futuro blanco en la NBA quedaría ligado a la gestión económica y deportiva de esos otros clubes (en la última ampliación ya fracasó el proyecto de Vancouver). La distancia geográfica entre EEUU y Europa, y los inconvenientes que conlleva para la organización de la competición harían que la desaparición de una sola de las franquicias europeas comprometiese el futuro del resto.

El coste económico inicial del proyecto se estimaría en 600 millones de euros, demasiado para un equipo que sigue dependiendo financieramente del fútbol, demasiado para un club que no pertenece a accionistas sino a sus socios. Una inversión de semejante calibre duplicaría el presupuesto anual de la entidad para esta temporada, cabe preguntarse si la aventura americana conllevaría la conversión del club en sociedad anónima (conseguir la llegada de capital privado sería un requisito sine qua non).

El principal desembolso se destinaría a pagar la cuota de ingreso en la liga y a la construcción de un pabellón con capacidad para 18.000 espectadores; una nueva cancha para el equipo de baloncesto es un cuento que se ha escuchado demasiadas veces, cada vez que ha habido elecciones a la Casa Blanca. Luego vendría la contratación de la plantilla en la que, según el presidente, "en 2009 todos los españoles de la NBA jugarán en el Real Madrid" (preparémonos pues a ver a Gasol y a Navarro jugando de blanco; sería para hacerle la ola a don Ramón). Por supuesto tocaría invertir el rango de los salarios: Calderón o Garbajosa cobrarían más que Raúl o Casillas. Y al final de todo ese camino burocrático a jugar y a esperar: las franquicias europeas estarían entre los torpes del pelotón durante unos cuantos años (Miami Heat ha tenido que esperar una veintena de años para lograr el anillo).

De confirmarse todos esos comentarios, esta vez, la entidad que fue protagonista en la creación de las competiciones internacionales de clubes (de baloncesto y fútbol) habría elegido ser un actor secundario. Quizás la opción lógica sería liderar, una vez más, al deporte profesional europeo y perseguir la construcción de una liga profesional obviando los riesgos del reto americano.

Artículo publicado en Libertad Digital (10/12/2006)

04 diciembre 2006

Pau Gasol, walking in Memphis

Se anuncia el próximo retorno de Pau Gasol a las canchas de la NBA al mismo tiempo que crecen los rumores de un traspaso de la estrella española. Pau ha dejado entrever últimamente tanto su malestar ante el actual potencial de su equipo como sus deseos de conseguir en la NBA algo parecido a lo logrado con la selección española. Después de haber sido el principal artífice de que los Grizzlies fuesen un equipo ganador, sus esfuerzos se han ido por el desagüe. La lesión sufrida por el pívot en el campeonato del Mundo ha sido un obstáculo, pero el gran problema ha sido que los técnicos y directivos no han dado ni una (como ejemplo el traspaso de Battier a Houston o la ausencia de refuerzos de calidad para esta temporada). Para culminar el desaguisado el general manager Jerry West se ha permitido despreciar la calidad del mejor jugador, de largo, de su equipo: "Sí, ese jugador muy bueno pero que no es la estrella de los Grizzlies".

La franquicia de Memphis está siendo objeto de negociaciones encaminadas a su venta, entre su propietario, Heisley, y un grupo inversor encabezado por Brian Davis y el ex dream team Christian Laettner. El acuerdo no está cerrado y, para regocijo de los compradores, el precio cada vez será más bajo: el año pasado el ejercicio se cerró con un déficit de treinta millones de dólares, los resultados –es el peor equipo de la liga y de los que menos anotan– o la escasa asistencia de público a la cancha – nuevamente sus registros son los peores de la liga– hacen que el producto se devalúe. Hay motivos más que suficientes para que Mike Fratello no se coma el turrón y puede que Gasol tenga otro entrenador cuando pueda volver a las canchas.

La rapidez con que Pau recupere su estado de forma será clave para que los rumores sobre un traspaso se materialicen. Según todas las informaciones los nuevos compradores favorecerían la operación, deseosos de deshacerse del alto sueldo que percibe el jugador catalán. Los Celtics –¿estamos ante el primer acierto de Danny Ainge?– o los Bulls parecen los equipos mejor colocados para lograr su fichaje, tanto por su fácil encaje en ambas plantillas como porque se encuentran en mejor disposición que otros equipos para cumplir con las enrevesadas normas de la NBA sobre fichajes. En todo caso, la solución la tendremos en febrero con el cierre del mercado de traspasos.

Gasol tiene otro objetivo a corto plazo: volver a jugar, por segundo año consecutivo, el All-Star. Los aficionados pueden votar por sus jugadores preferidos en la web de la NBA. Una recomendación: si algún lector decide que Gasol merece estar en esa fiesta debería votar por jugadores menos famosos o por jugadores que estén en la lista, como Kenyon Martin, pero que no podrán disputar el evento por estar lesionados. Cuantos más votos obtengan los candidatos "débiles" mayores posibilidades tendrá la estrella de Sant Boi de disfrutar de la segunda alegría del año; la primera será ponerse los zapatos de gamuza azul y coger el avión para salir de Memphis.

Artículo publicado en Libertad Digital (03/12/2006)

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