27 noviembre 2006

Madrid-Barça

La mayor rivalidad del deporte español siempre ha tenido su continuación en la cancha de baloncesto y este sábado hemos asistido a la reedición del duelo entre los dos equipos más seguidos del país. Hace tiempo que la ACB dejó de ser cosa de los dos grandes (la última final disputada por ambos fue la de la temporada 2000-2001), pero sus enfrentamientos siempre atraen un mayor número de miradas. Antes del partido la clasificación y el nivel de juego nos hacían anticipar un resultado claramente favorable a los chicos de Plaza, pero siempre se espera que en un encuentro de estas características esas diferencias desaparezcan; el cómo se llega pasa a un segundo plano. El "a priori" perdedor juega una final, ya que una victoria puede hacer recuperar el crédito perdido y conseguir que la temporada pueda dar un giro. La apisonadora blanca no dio opciones esta vez. El Real Madrid comenzó la temporada, como tantas otras, con la sensación de provisionalidad, tanto en la plantilla como en el entrenador, pero los números no dejan lugar a dudas: hasta el momento son los mejores. El Barcelona, por el contrario, dispone del presupuesto más alto de Europa –22 millones de euros– pero parece que no ha sabido cómo administrarlo.

Un vistazo al marcador final o a las estadísticas del partido (prácticamente podríamos intercambiarlas por las de cualquier encuentro del Madrid este año) no bastan para explicar lo que sucedió en el clásico. La diferencia de diecisiete puntos se antoja pequeña para los merecimientos merengues; si Plaza hubiese querido hacer sangre se habría saltado, por una vez, su cuaderno de bitácora dando más minutos a los jugadores más en forma (esta vez Felipe, Mumbrú y Raúl) pero prefirió hacer partícipes de la fiesta, en la misma medida, a toda la plantilla. El técnico catalán tiene muy claras sus ideas, tanto como hacer prevalecer el equipo a las individualidades: "El límite está donde los jugadores quieran, mientras antepongan el equipo a su propia situación personal". Por parte del Barcelona solamente se puede destacar el partido de Navarro, que hasta final de temporada tendrá que tirar de repertorio para solucionar muchos partidos. Al dúo Savic-Ivanovic cada vez les quedan menos excusas para justificar el rendimiento de una plantilla millonaria. De momento el Barça se tendrá que aplicar para no quedarse fuera de la Copa del Rey; lo tiene difícil, no tanto por cómo está la clasificación en estos momentos como por la dinámica en la que está inmerso el equipo.

¿Dónde estarán Real Madrid y F.C. Barcelona a final de temporada? La impecable trayectoria europea del Barcelona –¿tendrá más categoría la liga ACB?– o los tropiezos madridistas nos dan qué pensar. Las estadísticas nos dicen que tiene más posibilidades el Real Madrid de no ganar el título, que las que tiene el Barcelona de pasar más de una ronda en play-off (antes hay que clasificarse). En todo caso la temporada es larga y el actual sistema de competición permite siempre los "milagros" de última hora.

A la hora de planificar la próxima temporada el Barcelona se encontrará nuevamente con el problema Navarro; en Vistalegre estuvo presente el presidente de los Wizards y volvió a avisar. Veremos si el Barça vuelve a soportar un nuevo asalto de la NBA.

Artículo publicado en Libertad Digital (26/11/06)

19 noviembre 2006

Cabezas de turco


Artículo publicado en Libertad Digital (19 de noviembre de 2006)

Apenas hemos alcanzado la cuarta parte de la temporada en la liga ACB y ya hay rumores sobre la destitución de un nuevo entrenador, el tercero. La nueva derrota del Valladolid, colista de la competición, puede hacer caer a Paco García. Cortar la cabeza del entrenador es la solución más recurrida cuando no llegan los resultados; no es algo nuevo ni distinto a lo que ocurre en otros deportes. Las matemáticas y el director financiero nos dirán siempre que es más fácil echar a uno que a doce, pero en cambio, a la hora de hora de plantearse el patearle el culo al técnico, no se suele echar un ojo al presupuesto del equipo ni, en consecuencia, a la calidad de la plantilla.

En menos ocasiones, la decisión de prescindir del entrenador a mitad de temporada la marca la gran inversión desembolsada en fichajes; ése ha sido el caso del Pamesa Valencia al afrontar el cese de Ricard Casas (Casas, después de ser cesado, firmó por el Vive Menorca: lo que no es bueno para unos no tiene porque ser malo para otros). En todo caso, pocas veces los malos resultados acaban poniendo en peligro el puesto del responsable de la contratación del técnico.

En la NBA la ausencia de descensos justifica que el número de destituciones no sea equiparable al que gasta por aquí; los entrenadores disponen de más tiempo para conseguir resultados. Por el contrario el movimiento en los despachos es mucho mayor, aunque hay excepciones y muchas veces el nombre del directivo sirve de paraguas. Basten los ejemplos de Isiah Thomas y de Danny Ainge.

Thomas, el base que lideró a los Bad Boys de Detroit, ha conseguido un record difícil de igualar: ha sido premiado con el banquillo de los Knicks después de haber dado pruebas más que contundentes de su incompetencia como presidente. Ha conseguido el dudoso honor de tener a la plantilla más cara de toda la liga y, al mismo tiempo, a uno de los peores equipos. Recomendó el despido de su antecesor en el cargo, Larry Brown, al que él mismo había elegido para el puesto: la frivolité, como diría Díaz-Miguel, se ha saldado con una indemnización de 18,5 millones de dólares (en realidad el técnico pedía la totalidad de lo que le correspondía cobrar, según contrato, pero el arbitraje del comisionado David Stern, aficionado de los Knicks, impidió un mayor descalabro económico). Para redondear el desaguisado la franquicia de la Gran Manzana sigue pagando el sueldo a jugadores que ahora forman parte de las plantillas de otros equipos: Rose, Shandon Anderson, Maurice Taylor y Jerome Williams.

Danny Ainge, otrora escolta de los Celtics y actual responsable de los fichajes en el equipo de Boston, afronta su cuarta temporada en el puesto. Los aficionados esperamos que sea la última. Danny sigue vendiendo, comprando e intercambiando piezas a ritmo frenético. En su primer año mando a Antoine Walker a Dallas, lo recuperó al año siguiente para permitir, seguidamente, que la temporada pasada ganase el anillo con Miami. En la tercera cambió a Davis (lo había adquirido dos años antes) por Sczcerbiak. Son solamente un par de ejemplos de su gestión; como resultado el equipo sigue sin levantar cabeza y parece que se quedará sin play-off nuevamente.

Y es que, como seguramente no haya dicho Johan Norberg, en todas partes cuecen habas.

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