08 marzo 2010

Cruzar el Charco

Ahí va un artículo de Mike Hansen. ¡Gracias Mike!

El baloncesto colegial en Madrid a principios de los 80, en pleno auge, estaba lleno de pasión y canchas míticas. Los más veteranos recordamos la pista de ‘La Ciudad de los Muchachos’, donde jugabas cuesta abajo en la primara parte y cuesta arriba en la segunda. O intentar anotar un tiro libre con un aro en movimiento gracias a la multitud de chavales que se encontraban bajo la misma.

La inexpugnable cancha de San Viator, el frío de ‘la Nevera’, las grietas del ‘Virgen de Atocha’, o mis batallas personales con esa leyenda del Colegio Claret, Juanjo Ranea, que jugaba de base y nos dejaba paralizados de miedo y boquiabiertos con los espectaculares mates que hacía en la rueda de calentamiento (luego, para más inri, te metía 40 puntos).

Viendo con mi padre los partidos televisados en directo de la Final Four, en la Base Americana de Torrejón de Ardoz, empecé a soñar con poder jugar algún día en la NCAA. Tal vez fue esto lo que me llevó a cruzar el charco y recalar en UHA High School BLAZERS, en el estado de Kentucky. Donde la vida gira en torno a tres principios: recogida del maíz, ir a misa los domingos, y ¡¡¡BALONCESTO!!!

Marzo de 1988: Estoy en el Rupp Arena (nombrado en memoria del mítico entrenador de la Universidad de Kentucky Adolph Rupp), en Lexington Kentucky; para disputar las finales estatales. Hay más de 25.000 personas en las gradas, cada uno llevando con orgullo los colores de su colegio. Las cheerleaders, las bandas de música, el olor a palomitas, como dicen allí : ‘BASKETBALL HEAVEN’, y ruido, mucho ruido de la gente sin cesar de animar. Llegado a este punto, dejo que cada uno le ponga el final que más le guste.

De esta experiencia y de muchas otras más os iré contando poco a poco desde este portal. Me crié en Madrid, pero llevo tanto tiempo en esta hermosa ciudad -Valladolid- que me siento parte de ella. Mi mujer es de aquí, mis tres hijos han nacido aquí, mis amigos están aquí, y lo más importante de todo, mi corazón esta aquí. Intentaré desde mi humilde opinión que vuelvan esos sentimientos que os he descrito al principio. Entre todos tenemos que devolver a Valladolid ese espíritu mágico que se respiraba hace mucho tiempo. Que las canchas de esta ciudad vuelvan a estar otra vez llenas de niños y niñas jugando al basket. Puede que sea nostalgia o el baloncesto que corre por mis venas las 24 horas del día, pero haré todo lo posible por contagiaros este sentimiento.

All the best,

¡¡¡I Love This Game!!!

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