El baloncesto es uno de esos deportes en los que los milagros son posibles. Casi tanto, que se diría que suceden con cierta asiduidad. En cuestión de segundos se puede dar la vuelta a un partido que parecía perdido o perder uno que se tenía ganado. A veces es "sólo" es necesario darlo todo en defensa y forzar el error del rival, o quizás es éste el que regala la victoria cometiendo errores de libro.
En la final de este año del torneo de la NCAA, cuando con algo más de dos minutos para el final Kansas perdía de nueve ante los tigres de Memphis, el entrenador Self, se golpeó repetidamente uno de sus brazos. La señal era clara: Memphis iba a tener que ganar la final en la línea de tiros libres. Y es que el baloncesto es también casi el único deporte en el que la utilización de las violaciones del reglamento están hasta bien vistas.

